Luego de mucho tiempo, y cuando digo mucho tiempo me refiero a años, que no iba a un estadio a presenciar fútbol. Pero como los “récords” están para romperse hoy se dio las cosas y estuve en occidente apoyando a mi equipo en un Torneo Intermedio, parecido a la Copa del Rey, la FA Cup (o era Carling Cup?!) donde los equipos de tercera pueden enfrentarse a los de segunda y primera en partidos de ida y vuelta.
Llegado me abordaron dos señoras “revendedoras” que intentaron negociar un par de entradas a oriente. Amablemente les pedí que siguieran su “trabajo” con las demás personas, pero la pasión y entrega de las auto-empleadas me tenía muy irritado.
Pero bueno, pasando esa situación, que había olvidado que se daba en todo partido o acontecimiento, llegué y de inmediato me fui a comprar un café recontra caliente (ya sabrán por qué), el frío en Lima es insoportable con tan alta humedad que acompaña.
Me senté para no parar más, el partido fue uno de los menos atractivos que he presenciado, por lo que tuve que buscar otras distracciones en pleno cotejo. Cuando sonó el pitazo final, llegaban los penales que decidiría qué equipo pasaba a la siguiente ronda.
Ese fue un momento esperado, las tribunas empezaron a alentar y el ambiente se empezó a recargar de toda la energía que transmitía cada hincha y fanático en el recinto. El último penal que pudo atajar nuestro arquero hizó explotar a la gente y parecía como si hubiera sido un gol (en realidad, casi que lo fue).
La retirada fue rápida, porque no quería tener problemas para encontrar un vehículo de regreso. Fue interesante y hasta cierto punto divertido volver a ir al estadio para ver un partido de fútbol. Prometo ir más seguido de ahora en adelante.
Llegado me abordaron dos señoras “revendedoras” que intentaron negociar un par de entradas a oriente. Amablemente les pedí que siguieran su “trabajo” con las demás personas, pero la pasión y entrega de las auto-empleadas me tenía muy irritado.
Pero bueno, pasando esa situación, que había olvidado que se daba en todo partido o acontecimiento, llegué y de inmediato me fui a comprar un café recontra caliente (ya sabrán por qué), el frío en Lima es insoportable con tan alta humedad que acompaña.
Me senté para no parar más, el partido fue uno de los menos atractivos que he presenciado, por lo que tuve que buscar otras distracciones en pleno cotejo. Cuando sonó el pitazo final, llegaban los penales que decidiría qué equipo pasaba a la siguiente ronda.
Ese fue un momento esperado, las tribunas empezaron a alentar y el ambiente se empezó a recargar de toda la energía que transmitía cada hincha y fanático en el recinto. El último penal que pudo atajar nuestro arquero hizó explotar a la gente y parecía como si hubiera sido un gol (en realidad, casi que lo fue).
La retirada fue rápida, porque no quería tener problemas para encontrar un vehículo de regreso. Fue interesante y hasta cierto punto divertido volver a ir al estadio para ver un partido de fútbol. Prometo ir más seguido de ahora en adelante.
AUTOR
David Jonn
Blogger Fútbol. Twitter: @DavidJonn

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